MÉXICO, D.F. - Las Águilas del América remontaron con coraje un marcador adverso para imponerse 2-1 al América de Calí en el partido de ida de los Octavos de Final de la Copa Libertadores.
El Estadio Azteca acabo convertido en una repetición de coliseo romano, donde la gigantesca multitud de 75 mil hinchas mexicanos coreaba sin cesar el nombre de su gallo: "¡Blanco!, ¡Blanco!".
Todos querían un desquite extra, porque los visitantes colombianos exasperaron a todo el pueblo reunido para apoyar a los suyos.
Los Diablos Rojos sorprendieron con su anotación en la madrugada del minuto 10 cuando Jairo Castillo, se tendió de palomita para rematar en el área chica al arquero Christian Martínez, en una acción de ráfaga que ya había anticipado el técnico de la escuadra huésped, Jaime de la Pava, quien a su arribó a suelo azteca manifestó que tenía bien detectado el punto flaco del representativo mexicano, y la lentitud y torpeza de la línea defensiva local, que tuvo constantes errores en el primer tiempo, dándole la razón al estratega cafetero.
Se trataba de un adversario veloz y muy canchero, nada que ver con los anteriores rivales de las Águilas en la primera fase del evento continental.
"¡Hay que poner, hay que poner, un poco más de hue...!", era el compás melódico de la Barra Monumental que atrás de la portería defendida por el América de Calí y su arquero Diego Gómez no dejaba de desgañitarse, para aliviar un poco el tenso silencio sepulcral del resto del graderío.
Después vino el final de película: al 78' el zaguero Wilmer Ortegón demostró sus males artes al patear a Luna en una acción asesina que se sancionó con una roja directa. Tras empujones, escupitajos y demás lindezas mutuas el partido siguió sólo hasta que otro colombiano se desplomó en el área para que el árbitro compensará echando a Braulio.
La furia estaba en todos los integrantes azulcremas hasta que encontró un cauce, el 2-1 clavado por Blanco a siete del final en un remate de cabeza.